Deshaciendo los mitos

El medio ambiente

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Mito 12: El uso de pesticidas ha aumentado desde la introducción de los cultivos biotecnológicos.

Realidad: Si esto fuera cierto, ¿por qué la industria agroquímica de EE.UU. ha experimentado por primera vez en su historia una disminución de la demanda de sustancias químicas de uso agrario al mismo tiempo que aumenta la producción de los productos agrarios?

Monsanto ha advertido a los inversores que para 2008 se espera una caída de las ventas de sustancias químicas de uso agrario de 1.000 millones de dólares, o un 28%, debido a que los cultivos biotecnológicos están reduciendo la demanda. Del mismo modo, Bayer justifica sus pérdidas en el tercer trimestre de 2003, apelando al bajo volumen de ventas que, a nivel mundial, han obtenido sus compuestos químicos de uso agrario y, concretamente, al aumento de la extensión de los cultivos de derivados biotecnológicos que requieren menos pesticidas químicos.

Kline & Company, compañía consultora para el negocio agrario, predijo que los agricultores de maíz, algodón y soja invertirán 1.000 millones de dólares menos en sustancias químicas entre 2004 y 2009 a causa de las variedades biotecnológicas, mientras que las ventas de pesticidas convencionales para el maíz caerán en picado desde $300 millones en 2002 a sólo $70 millones en 2012.

En Canadá, entre 1995 y 2000, cuando la proporción de cultivos de colza biotecnológica aumentó del 10% al 80%, la cantidad de herbicida usado cayó un 40%, lo que equivale a un descenso del impacto medioambiental de un 36% (calculado según la toxicidad para el hombre y los animales y según la persistencia medioambiental).

En Brasil, Aprasoja (la Federación de productores de soja) comunicó una reducción del 50% en el uso de agroquímicos a pesar de haber obtenido una cosecha récord en 2003.55 Según el presidente de la Comisión brasileña de Farsul Grains, mientras que los productores de soja convencionales usan 2 litros de glifosato, y otros 5 ó 6 litros de otros herbicidas por hectárea, aquellos que plantaron soja transgénica sólo necesitaron entre 3 y 4 litros de glifosato, que tiene la ventaja de ser más fácil y rápidamente biodegradable que los herbicidas a los que desplaza.

EN Argentina, los agricultores que adoptaron variedades de maíz biotecnológico usan un 50% menos pesticidas (Qaim, 2003).

En Australia, se está comercializando una nueva variedad de algodón biotecnológico "de doble carácter" que en estudios de campo ha logrado recortar en un 80% el uso de pesticidas comparado con las variedades tradicionales.

Un importante estudio sobre los pesticidas y los cultivos convencionales realizado en toda Europa (Phipps and Park, 2002) calculó que si el 50% del maíz, la colza, la remolacha azucarera y el algodón cultivados en la UE fueran variedades biotecnológicas, el uso anual de pesticida se reduciría en 14,5 millones de kg del producto formulado (4,4 m kg de ingrediente activo) y la consiguiente reducción de las fumigaciones ahorraría 20,5 millones de litros de fuel-oil y evitaría la liberación de 73.000 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.

Mito 13: El flujo genético de los cultivos biotecnológicos amenaza la biodiversidad.

Realidad: El exocruzamiento y la resistencia a los herbicidas es un problema bien conocido del control de los cultivos ya existente mucho antes del desarrollo de la biotecnología. No hay pruebas de que los cultivos biotecnológicos sean, ni vayan a ser, más difíciles de controlar que su contrapartida convencional.

Antes de la comercialización de los cultivos de derivados biotecnológicos a mediados de los 90, fueron oficialmente documentadas unas 188 incidencias probadas en 42 países de malezas que habían adquirido resistencia a los herbicidas (que anteriormente habían controlado dichos herbicidas).59 Para impedir tal adaptación natural de las poblaciones de malezas hasta adquirir la resistencia a los herbicidas utilizados, los agricultores necesitan utilizar varios herbicidas diferentes (con diferentes mecánicos químicos de acción) aplicándolos de forma secuencial a sus cultivos.

Al habilitar el uso de un herbicida que antes no podía aplicarse a una cosecha determinada, los cultivos de origen biotecnológico tolerantes a los herbicidas (HT) han permitido aumentar el número de herbicidas de diferentes tipos en el arsenal de los agricultores contra las malezas; disminuyendo así la probabilidad de que aumenten las malezas tolerantes a los herbicidas siguiendo el clásico camino de la presión selectiva / adaptación.

No hay ninguna prueba fiable de que esos cultivos biotecnológicos en desarrollo o ya comercializados sean, o puedan llegar a ser, más difíciles de controlar, ni de que puedan aparecer otras malezas más perjudiciales que cualquier otra planta cultivable. La publicación británica New Scientist, informó en julio de 1999 que la remolacha azucarera en Europa ya había sufrido un exocruzamiento durante los años 80 – es decir, antes de que se hubieran desarrollado los cultivos biotecnológicos – con una maleza nativa que produjo una "superraleza" fuerte y problemática. No pueden utilizarse herbicidas sistémicos ni de otro tipo ya que también acabarían con el cultivo. Una remolacha azucarera resistente a los herbicidas podría ayudar a resolver este problema.

Por otra parte, un estudio de 10 años de duración llevado a cabo por un respetado ecologista británico encontró que los cultivos biotecnológicos resistentes a los herbicidas no sobreviven bien en un entorno natural y no es probable que puedan invadir otros hábitats que no sean plantas cultivadas de peor calidad. Las plantas no mostraron capacidad de reproducción autónoma, ni de automantenimiento y no se extendieron en el área circundante.

Como afirma un grupo de reconocidos científicos británicos del Centro John Innes en sus conclusiones en un artículo sobre el impacto medioambiental de los cultivos biotecnológicos (Dale, 2002), "no podemos encontrar argumentos científicos convincentes para demostrar que los cultivos biotecnológicos sean por su naturaleza diferentes a los cultivos no biotecnológicos".62 BRIGHT, el estudio británico a largo plazo, recientemente finalizado, sobre el impacto de los cultivos biotecnológicos resistentes a los herbicidas ha confirmado que los cultivos HT son tan buenos como los cultivos convencionales para la conservación de la biodiversidad.

Mito 14: El maíz biotecnológico amenaza la mariposa monarca.

Realidad: Un exhaustivo trabajo científico de investigación ha concluido que los cultivos Bt. no poseen ningún efecto mesurable sobre la monarca. En realidad, se beneficia de la reducción de las fumigaciones con pesticidas.

En un único experimento controlado de laboratorio se mostró que un tipo de polen de maíz biotecnológico podía dañar las orugas de la monarca alimentándolas directamente. Sin embargo, ningún entomólogo reconocido ni ningún científico especializado en cultivos ha vuelto a plantear ninguna queja seria. Una larga serie de experimentos y observaciones de campo han demostrado que los cultivos biotecnológicos no ejercían ningún efecto apreciable sobre la población de la mariposa monarca y tampoco se espera que tal cosa suceda en el futuro.

Debido a que la mariposa monarca hiberna en los bosques de Méjico y migra anualmente a EE.UU., su población se ve profundamente afectada por el clima y la pérdida de su hábitat en Méjico. En el 2000, 28 millones de monarcas hibernaron en Méjico, pero en 2001 lo hicieron cerca de 100 millones.64 El principal impacto de los cultivos Bt., especialmente el algodón, fue reducir la aplicación de insecticidas de naturaleza química en aproximadamente un millón de litros por año en el sur de los Estados Unidos. Esto, sin duda, ayuda a preservar la vida de las mariposas monarca que migran.

Para una descripción general objetiva y científica del problema de la monarca, elaborada por científicos junto con el Ministerio de Agricultura de EE.UU., y las universidades de Cornell, Guelph, la estatal de Iowa, de Maryland, de Nebraska, Purdue y Monarca Watch, visite la página www.ars.usda.gov/sites/monarch/index.html

Desde el episodio de la monarca, ha habido quejas de que el algodón Bt. ha perjudicado a insectos beneficiosos en China. En realidad, se ha observado que sucede lo contrario. Un reciente estudio (Kongming Wu, 2003) puso de relieve que la diversidad de la comunidad de artrópodos en los campos de algodón Bt. era mayor que en los de algodón convencional, como el gusano al los niveles de los insectos predadores, debido a la notable disminución del uso de insecticida.

También se han disipado los temores referentes a los efectos sobre las abejas. En una serie de estudios66 no se encontró ningún efecto sobre la salud de las abejas que consumieron proteínas purificadas de las toxinas expresadas por plantas Bt. (diseñadas para el control de las orugas) o proteínas de enlace con la biotina (para el control general de los insectos), y sólo se observó un ligero efecto con los inhibidores de la proteasa (utilizados para el control de orugas y escarabajos). Incluso en este caso, estos estudios representan situaciones extremas ya que las plantas biotecnológicas al florecer sólo producen mínimas cantidades de nuevas proteínas en el polen y ninguna en el néctar, que es lo que comen las abejas.

Mito 15: Los herbicidas usados en los cultivos biotecnológicos dañan el medio ambiente.

Realidad: Los cultivos biotecnológicos resistentes a los herbicidas reducen la aplicación de herbicidas, lo que da como resultado un suelo y un agua más limpios, de hecho, ayudan al cultivo sin tareas de laboreo lo que minimiza la erosión del suelo y la liberación de carbono inductor del cambio climático a la atmósfera.
En general, los únicos herbicidas que pueden aplicarse a los cultivos biotecnológicos resistentes a los herbicidas son aquellos que tienen un menor impacto medioambiental que los "antiguos" herbicidas a los que reemplazan, que están siendo prohibidos tanto en Europa como en EE.UU. La nueva generación de herbicidas tienen una longevidad reducida en el medio ambiente, una menor toxicidad para los seres vivos y/o para el hombre, y se adhieren fuertemente a partículas del suelo que no se filtran a las fuentes de abastecimiento de agua potable.

Un estudio estadounidense de simulación del impacto probable de la agricultura sobre la calidad del agua potable (Wauchope, 2002) encontró que el maíz resistente a los herbicidas (HT) reduce espectacularmente las concentraciones de herbicida en las cuencas acuíferas vulnerables, ya que los cultivos HT sólo necesitan ser fumigados una vez después de la siembra, y no dos veces (antes y después).

Lejos de dañar el medio ambiente, los cultivos HT han transformado gran parte de la agricultura en EE.UU. al reducir la necesidad del laboreo (arado) del terreno. Gracias a lo innecesario del laboreo y a otras formas de "laboreo conservador", la erosión y el movimiento del suelo quedan minimizados, mientras que se maximizan tanto la salud del terreno como su capacidad de retención del agua.69 Un aspecto cada vez más importante lo constituye la ausencia de gas carbono liberado por el suelo que contribuiría al calentamiento global de la atmósfera. Además, este hecho ayuda a reducir la emisión de CO2 y de otros contaminantes que se anteriormente eran liberados durantes las labores de arado. La ausencia de laboreo también implica un ahorro de energía ya que el sembrado puede realizarse en un solo paso de siembra en hilera, sin que sea necesario el método convencional que requiere tres operaciones: arado, rastrillado y surcado.

El trabajo de investigación publicado por G. Phillips Robertson, Eldor A. Paul, y Richard R. Harwood la Universidad estatal de Michigan ha estimado que los métodos "no laboreo" para la producción de los cultivos reducen el impacto de la agricultura moderna sobre el calentamiento global aproximadamente en un 88%.70
La tasa de calentamiento global (es decir, el aumento previsto de la temperatura media de la Tierra producto de la actividad del hombre) se ve directamente afectada por las actividades que aumentan el volumen de dióxido de carbono (un gas "de efecto invernadero") atmosférico. Sin embargo, el uso cada vez más extendido de métodos "no laboreo" y de "poco laboreo" en la producción de los cultivos71, facilitada por los nuevos cultivos biotecnológicos resistentes a los herbicidas, elimina la liberación del dióxido de carbono a la atmósfera al retenerlo en el propio suelo de los terrenos de cultivo, ayudando al mismo tiempo a reducir el consumo de fuel-oil.

La agricultura moderna controla las malas hierbas bien de forma mecánica, bien con el uso de herbicidas. La presión que ejercen las malas hierbas varía según la localización, pero los agricultores dedicados al maíz y la soja que sólo usan cultivos mecánicos (es decir, los agricultores "ecológicos" de América) necesitan cultivar sus terrenos hasta catorce veces por temporada.

Por el contrario, los métodos de producción de cultivos "no laboreo" y de "poco laboreo" utilizan una y de 2 a 4 aplicaciones de cultivo respectivamente, los que disminuye la erosión del suelo (viento y agua) en un 90% o más.

Cuando un agricultor pasa del cultivo mecánico intensivo a la producción de cultivos "no laboreo" y de "poco laboreo", la población de lombrices aumenta en consecuencia en proporción directa a la cantidad de cultivo mecánico que se suprime. 74 Un estudio sobre el laboreo conservador efectuado por la Asociación Americana para la Soja (ASA) encontró que las tres cuartas partes de los agricultores que plantan variedades biotecnológicas observan más desechos de cosecha en la superficie del suelo cuando utilizan variedades biotecnológicas.75 Año tras año, y estrato tras estrato, los residuos de antiguas cosechas se descomponen para formar el humus que acaba incorporándose al suelo.

El cambio en los métodos de producción de los cultivos facilita la eliminación del dióxido de carbono de la atmósfera terrestre, porque al no existir sobre-cultivo los hongos que naturalmente crecen en las raíces de las plantas pueden producir glomalina, una proteína que retiene de forma natural el carbón lo mantiene en el suelo. La glomalina ayuda a aumentar la fertilidad del suelo actuando como una especie de "cola" que provoca que las partículas del suelo se aglomeren de forma apropiada. Crea espacios bajo la superficie haciéndola permeable al agua al oxígeno y a las raíces de las plantas. La presencia de glomalina constituye una de las diferencias fundamentales (aparte del agua) entre los suelos de cultivo fértiles y la arena inerte del desierto.

Cuanto más se remueva mecánicamente un suelo de cultivo "sano", más glomalina quedará destruida y el carbono que contiene (que antes se encontraba retenido) podrá reingresar a la atmósfera en forma de dióxido de carbono, un "gas de efecto invernadero".

Mito 16: Los cultivos biotecnológicos, intrínsecamente, constituyen un peligro para el medio ambiente.

Realidad: No existe ninguna prueba, aparte de las extrapolaciones de supuestos riesgos, que demuestren que los cultivos biotecnológicos sean por definición más "peligrosos" que sus equivalentes convencionales u ecológicos.

Probablemente la revisión más extensa de este controvertido problema ha sido llevada a cabo por los científicos neozelandeses Travis Glare y su colega alemán Jan-Peter Nap.76 Tras revisar 250 artículos en los que se estudia un amplio espectro de impactos medioambientales, las malas hierbas, el flujo genético horizontal, la biodiversidad y otros aspectos de la ingeniería genética, concluyeron que muchos de los problemas de los que se ha responsabilizado a los cultivos biotecnológicos no existen, y que aquellos que sí existen son igualmente aplicables a los cultivos convencionales u ecológicos.

Las principales conclusiones de la revisión son

  • No parece que los cultivos biotecnológicos tengan más probabilidad que los cultivos tradicionales de fomentar la aparición de super-pestes y enfermedades.
  • No parece que los cultivos biotecnológicos tengan más posibilidad que otras variedades de convertirse en malas hierbas fuera de situaciones de cultivo.
  • Los cultivos biotecnológicos no son más invasores, persistentes o capaces de convertirse en malas hierbas que sus equivalentes convencionales.
  • No parece que los cultivos biotecnológicos tengan más posibilidad que otras variedades de cultivos de transferir genes transgénicos, o cualquier otro tipo de gen.
  • La transferencia horizontal de genes puede ocurrir con una frecuencia excepcionalmente baja y por tanto merece menos atención que la que se la da, pero hay que tratar de evitar la posibilidad de que se desarrolle una resistencia a antibióticos útiles.
  • Generalmente no se han observado efectos indeseables sobre los insectos predadores por parte de cultivos biotecnológicos modificados para resistir a los insectos en comparación con los cultivos tradicionales.
  • Es demasiado fácil sacar conclusiones sobre impactos ecológicos secundarios. Los ejemplos de efectos secundarios que se han descubierto hasta la fecha no han desvelado ningún problema a nivel de ecosistema.
  • El uso de cultivos biotecnológicos ha conducido a una extraordinaria reducción del uso de pesticidas lo que probablemente tenga un impacto positivo sobre la agro-biodiversidad.
  • No parece que los cultivos biotecnológicos tengan mayor probabilidad que cualquier otro cambio en la agricultura de afectar negativamente a la biodiversidad.
  • Al determinar los impactos de los cultivos biotecnológicos el punto de referencia adecuado es la comparación con otras plantas que han sido modificadas usando los métodos tradicionales de mejora genética.
  • El riesgo de no utilizar cultivos biotecnológicos también debería formar parte de la valoración de riesgos.

Mito 17: Los cultivos biotecnológicos no aportan ventajas medioambientales.

Realidad: Esto sólo es cierto si se ignora que: aumento de la vida de los insectos y los pájaros debido a una menor fumigación con insecticidas, menos presión para la vida silvestre a causa de unos terrenos de cultivo más productivos, reducción de las emisiones de carbón y menor pérdida de suelo por unas tareas de laboreo más conservadoras a causa de los herbicidas, y una reducción del impacto de la agricultura animal a causa de cosechas de alimentos bajos en nitrógeno/fósforo.

Todos excepto el último punto han sido tratados con detalle en otras partes de este documento. A menudo se ignora el impacto que los cultivos biotecnológicos tienen sobre el desarrollo de una agricultura animal menos contaminante, ya que al disminuir el exceso de proteína y fósforo en el alimento de las aves y el ganado, la biotecnología puede marcar una gran diferencia respecto a la contaminación derivada de la agricultura animal.

Un artículo publicado en 2002 por el Consejo de Ciencia y Tecnología Agraria (CAST) estima que las nuevas tecnologías como el maíz y la soja bajos en fitatos, podrían ayudar a reducir la excreción de nitrógeno y fósforo del cerdo y las aves en un 40% y un 60%, respectivamente. Los nuevos sistemas de proteínas metabolizables podrían disminuir la excreción de nitrógeno en el ganado vacuno de engorde y lechero hasta un 34%, mientras que una alimentación más precisa del fósforo puede reducir a la mitad su excreción de fósforo.

Mito 18: Los cultivos biotecnológicos no son necesarios para la agricultura no laboreo

Realidad: Aunque desde la introducción de los herbicidas químicos ha tratado de evitarse el laboreo, pocas veces resultó fácil o poco costosa hasta que se pudo disponer de variedades biotecnológicas.

Un análisis de las encuestas realizadas desde la introducción de los cultivos resistentes a los herbicidas (HT) (Fawcett, 2002) apoyó "de forma muy convincente" la conclusión de que los cultivos biotecnológicos habían contribuido al 35 % de la expansión del laboreo conservador desde 1996, ahorrando de este modo mil millones de toneladas de suelo al año y 3.500 millones de dólares de los costes de eliminar la sedimentación, proporcionando un hábitat mucho más nutritivo para pájaros y mamíferos, reduciendo la pérdida de fósforo y nitrógeno por escorrentía, y la liberación de dióxido de carbono a la atmósfera procedente del carbón y el combustible para tracción usado durante el arado.

El Consejo nacional del algodón de EE.UU. informó de que la extensión de los terrenos de laboreo aumentó un 59% en todas las plantaciones de algodón desde que los algodones resistentes a los herbicidas estuvieron disponibles de forma generalizada en 1997. El algodón Roundup-Ready fue responsable del 77% de la extensión total de plantaciones de algodón en 2002.

En su 17ª encuesta anual sobre el laboreo conservador, El Centro de información de laboreo conservador americano (CTIC) informó de que el porcentaje de plantaciones de maíz de laboreo conservador en EE.UU. (tipificado como sin laboreo) se redujo ciertamente entre 1997 y 1998. Este intervalo de tiempo es anterior a la disponibilidad generalizada del maíz resistente a los herbicidas (p.ej.: las semillas de maíz Roundup Ready estuvo disponible por primera vez en cantidades limitadas en 1998). En una entrevista en 1998, el agrónomo David Schertz, del Servicio para la conservación de recursos naturales (NRCS) del Ministerio de Agricultura de EE.UU., afirmó "que la agricultura en EE.UU. tendrá dificultades para alcanzar el objetivo nacional del 50% de acres cultivados (trabajos de laboreo conservador) en 2002".

La gran diferencia marcada por la disponibilidad de variedades de cultivos biotecnológicos resistentes a los herbicidas se señala en una entrevista realizada un año más tarde al mismo agrónomo del NRCS, quién señaló que "las hectáreas de soja plantadas en EE.UU. por métodos de laboreo conservador alcanzaron un récord total en 1998". Ya que las semillas de soja biotecnológica resistente a los herbicidas se comercializó por primera vez en 1996, 1998 fue el primer año en que una cantidad suficientemente importante de dicha semilla estuvo disponible para causar tal impacto (Las plantaciones de soja sin laboreo aumentaron en 1,5 millones de acres entre 1997 y 1998).

Como los suelos o los campos "fáciles" fueron empleados naturalmente en un principio para prácticas no laboreo, hubo indicaciones de un posible efecto meseta para el total de terreno no laboreo de EE.UU. hacia un escaso y decepcionante total a mediados de los 90. Por ejemplo, en los ondulados suelos de arcilla roja del sudoeste de Kentucky, el producto de soja Maurice Chester comenzó a experimentar el cultivo no laboreo en los años 70. Al principio no siempre tuvo éxito porque no poseía los herbicidas necesarios para utilizarlos en sus suelos y en sus malas hierbas.82 (Nota:: los herbicidas a base de glifosato no pudieron aplicarse a la soja hasta 1996 cuando se introdujeron las variedades de soja biotecnológica resistentes a los herbicidas).

Tras la introducción de la soja resistente a los herbicidas, Maurice Chester afirmaba que "plantar se ha vuelto muy sencillo (con soja no laboreo), porque puedo dejar todos los residuos de la cosecha anterior sobre el terreno sin que interfiera con el control de la siembra o de las malas hierbas".

Es importante advertir que antes de la disponibilidad de la soja resistente a los herbicidas, lo agricultores tenían que usar herbicidas que se aplicaban al suelo, que se fumigaban sobre el terreno antes de plantar, y cuya eficacia se veía a menudo reducida por la presencia de residuos de cosechas anteriores propios de las prácticas de producción no laboreo.

Otras limitaciones propias de la producción no laboreo antes de 1996 incluían:

  1. Unas estrechas "ventanas de tiempo" durante las cuales un agricultor podía aplicar los (pocos) herbicidas disponibles sobre la soja en cultivo. La fumigación demasiado temprana podía dañar o matar las plantas de soja; La fumigación demasiado tardía tenía el riesgo de no controlar las malas hierbas porque las que hubieran crecido hasta un gran tamaño podían no verse afectadas por los herbicidas que se utilizaban. Así pues, se demostró que una o dos semanas de lluvias podían resultar devastadoras tras los esfuerzos por controlar las malas hierbas en la soja no laboreo antes de 1996.
  2. El alto riesgo de utilizar la nueva práctica de producción conocida como la soja en hilera angosta (es decir, al plantar las plantas más cerca unas de otras, utilizan más eficazmente la luz del sol y conservan más humedad en la capa superficial del suelo dando sombra al terreno con una pantalla de hojas). Como el agricultor no puede labrar mecánicamente para controlar las malas hierbas (ya que no se puede conducir entre las hileras), el control agroquímico de las malas hierbas debe ser fiable para que puedan funcionar las plantaciones de soja en hilera angosta.

En palabras del Dr. Norman Buehring de la Estación experimental agrícola y forestal de la Universidad de Mississipi, "La soja en hilera angosta puede aportarles un aumento de la producción, pero no sin antes vencer la batalla contra la mala hierba conocida como bricho, que puede llegar a reducir la producción hasta un 35% (si no se controla).

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