Deshaciendo los mitos

"Los mitos ya no son sostenibles"

Introducción de Kimball Nill, director técnico de la Asociación Americana para la Soja

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La llegada de la biotecnología agraria ha sido algo memorable por muchas razones. Una de las más curiosas y, para mí, la más triste, es la propagación de malentendidos, medias verdades y a veces falsedades evidentes divulgadas por sus detractores y rivales durante la pasada década. Estos "mitos" – porque con frecuencia, sólo son eso - han intoxicado los debates más honestos y han logrado corromper el juicio de políticos, periodistas, consumidores, agricultores y, de forma trágica, de los gobiernos de algunos de los países más pobres del mundo.

En 2003, la Asociación Americana para la Soja (junto con otras ocho importantes organizaciones agrarias de EE.UU.) publicó Corrigiendo los mitos. Quisimos sumar la voz racional e independiente de los agricultores al debate mundial sobre biotecnología, un punto de vista a veces no escuchado y, ciertamente, a menudo ignorado, en Europa y en otras partes. Pretendimos comunicar los hechos conocidos de la biotecnología agraria, en parte basándonos en nuestra propia experiencia, para contrarrestar algunas de las campañas propagandísticas más atroces jamás emprendidas por los grupos ecologistas y partidarios de la agricultura ecológica.

Dos años después, somos conscientes de la necesidad de actualizar aquel documento, ya que los hechos no hacen más que mejorar. Desde 2003, la extensión mundial de los cultivos biotecnológicos ha aumentado un 30%.1 Muchos más países se han adherido a la revolución biotecnológica. Millones de litros de pesticida han quedado en almacenes o ni siquiera han llegado a fabricarse. Miles de toneladas de suelo han sido conservadas. Cientos de agricultores del tercer mundo se han salvado de la intoxicación por sustancias químicas.

Para los agoreros, también podemos presentar muchos más datos indiscutibles y pruebas al respecto. Desde 2003 se han publicado docenas de artículos científicos y trabajos de agronomía que confirman lo que siempre supimos o sospechamos: que la biotecnología ayuda a los agricultores a ahorrar dinero (sobre todo, a los más pobres), protege el medio ambiente, aumenta la producción de alimentos y es tan segura como cualquier otra forma de cultivo alimentario, todo ello de forma certera.

En 1999, Patrick Holden, director de la organización líder de la agricultura ecológica en Gran Bretaña, la Asociación para la soja, y uno de los más firmes críticos de la agricultura biotecnológica, declaró a Reuters la célebre idea de que el pueblo americano rechazaría la agricultura biotecnológica con "una oposición masiva en el plazo de un año".2

Hoy día, las diversas variedades biotecnológicas dominan los cultivos agrarios en EE.UU. con una producción de soja, algodón y maíz que ha alcanzado niveles récord.3 Al mismo tiempo, El sector de la agricultura ecológica de Gran Bretaña parece tambalearse, habiendo sufrido una disminución de un 5% en tan sólo un año la cantidad de terreno utilizado para la producción ecológica.4 Mientras tanto, los agricultores británicos, como los de la mayoría del resto de Europa, continúan sin poder acceder a una tecnología que ha venido siendo utilizada con éxito por sus competidores de Norteamérica y Sudamérica, Asia, India, Sudáfrica y Australia.

Con esta idea en mente, y tras estudiar la enorme cantidad de nuevas evidencias, de las que en este documento sólo hay espacio para citar una muestra, decidimos que el antiguo título, Corrigiendo los mitos, ya no era el más adecuado.

Los mitos, tomando prestada una de las palabras preferidas por los críticos de la biotecnología, simplemente ya no son sostenibles.

Los hechos los han disipado.


Kimball Nill
Director de asuntos técnicos
Asociación Americana para la Soja
Mayo 2005

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