Deshaciendo los mitos

Práctica agraria

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Mito 1: La biotecnología ha resultado ser un mal negocio para los agricultores americanos.

Realidad: La biotecnología ha transformado la agricultura americana, abaratando los cultivos de consumo básico, logrando que crezcan con más facilidad y reduciendo el uso de sustancias químicas.
Para una tecnología que se supone que va a constituir un desastre económico, los agricultores americanos se han mostrado muy entusiasmados con la biotecnología agraria. Hace menos de diez años, las semillas biotecnológicas aún no se habían comercializado, sin embargo, en EE.UU., en 2004, se plantaron en más del 85% de los cultivos de soja, en el 76% de los de algodón y en el 45% de los de maíz (estimaciones del USDA).5 Además, año tras año, desde 1996, la extensión de las plantaciones de cultivos biotecnológicos ha aumentado considerablemente.

La rápida aceptación de la biotecnología agraria no puede achacarse al entusiasmo ciego de los agricultores. La razón más natural es que los cultivos biotecnológicos les han permitido ahorrar dinero y reducir el volumen de trabajo. En octubre de 2004, un estudio realizado por el Centro Nacional para la Política Alimentaria y Agraria (NCFAP) calculó que la suma de los seis cultivos biotecnológicos más importantes supuso un aumento de los ingresos de los agricultores de 1.900 millones de dólares en 2003, un aumento de los rendimientos netos en 5.300 millones de libras, y un recorte del uso de pesticidas de 46,4 millones de libras.6
El estudio del NCFAP también encontró que:

  • La soja biotecnológica permitió la mayor reducción del uso de pesticidas, 20.100 millones de libras, lo que supuso el mayor rendimiento económico para los agricultores – tradicionalmente con unos ingresos de 1.200 millones de dólares.
  • El maíz biotecnológico (especialmente el resistente al barrenador europeo del maíz) consiguió los mayores rendimientos – 4.900 millones de libras – lo que contribuyó a un ahorro en los costes de producción de 258,4 millones de dólares.
  • El algodón biotecnológico permitió una reducción significativa del uso de pesticidas, 12.900 millones de libras, lo que condujo a unos ingresos adicionales de 413,13 millones de dólares para los agricultores.
  • La colza de origen biotecnológico permitió reducir el uso de pesticidas en 152.740 libras, lo que ayudó a que los agricultores ahorraran 9 millones de dólares en costes de producción.

En un estudio, aunque limitado, de la adopción del cultivo biotecnológico durante 1997 y 1998, encargado por el Departamento de agricultura estadounidense7, los cultivos resistentes a herbicidas ahorraron importantes cantidades de tiempo y esfuerzo de los agricultores (fondos no utilizados), lo que ayuda a explicar su enorme popularidad.

Además, sabemos por experiencia que las variedades resistentes a herbicidas como la soja producen cultivos más limpios con menor presencia de malezas, lo que implica una cosecha más valiosa para el agricultor que la va a vender, alcanzando precios8 superiores por el menor contenido de material extraño.

Los cultivos biotecnológicos tienen potencial para ayudar aún más a los agricultores. Un estudio previo del NCFAP10 estimó que si los agricultores adoptaran 40 variedades biotecnológicas, bien estuvieran ya comercializadas, bien en fase de desarrollo, el impacto económico total neto sería de 2.500 millones de dólares por año, un aumento de la producción anual de 14.000 millones de libras y una reducción del uso de pesticidas de 163 millones de libras anuales.

Un estudio realizado por el USDA en 2003 sobre cómo se distribuyen los beneficios económicos de los cultivos biotecnológicos encontró que las compañías productoras y semilleras se encuentran lejos de las únicas que obtienen beneficios apreciables. Efectivamente, en el caso de algunos cultivos biotecnológicos, los consumidores, tanto de EE.UU. como del extranjero, se han beneficiado más incluso que los productores debido a los bajos precios de los bienes de consumo, lo que a su vez ha sido posible gracias a unos mayores suministros.

Ni tampoco, como alguien preconizó, los cultivos biotecnológicos han disminuido la rentabilidad de la agricultura, a juzgar por el precio que los agricultores quieren pagar por el terreno. En Iowa, el líder en la producción de soja y maíz de todos los estados americanos, los precios de los campos son los más altos y subieron un 15% durante 2004, la mayor subida anual en ocho años.

Mito 2: Los granjeros se han hecho dependientes de los "gigantes de las semillas".

Realidad: La vasta y poderosa industria de los proveedores de semillas tradicionales – unos 100 sólo en América – respalda el hecho de que las semillas no biotecnológicas pueden adquirirse libremente y siguen siendo muy utilizadas. Todas las semillas siguen compitiendo en cuanto a rendimiento.

En el caso de la soja, se venden unas dos mil variedades, de las que unas 1.200 son variedades biotecnológicas.

Además existen unas 100 compañías semilleras independientes (que no son propiedad de las empresas biotecnológicas) que actualmente comercializan semillas de soja, con las que tienen que competir las 12 empresas semilleras adquiridas por las compañías de biotecnología.

No existe ninguna "lista nacional de variedades recomendadas" de soja en EE.UU. porque las condiciones del clima, suelo, etc., son tan variables en las distintas zonas geográficas, que una variedad con alto rendimiento en un estado puede no ser adecuada en otro. Sin embargo, cuando se publican las curvas de comparación de rendimientos obtenidos en pruebas de campo, las capacidades de producción de las cinco mejores variedades de semillas de soja biotecnológicas (resistentes a herbicidas) y no-biotecnológicas tienden a ser muy similares.

Mito 3: Los cultivos biotecnológicos sólo se adecuan a la agricultura de EE.UU.

Realidad: Los cultivos biotecnológicos son ampliamente utilizados fuera de EE.UU. Un tercio de la superficie dedicada al cultivo biotecnológico en todo el mundo se localiza en países en vías de desarrollo en los que la adopción de la biotecnología agraria se desarrolla dos veces más rápido que en los países industriales.
Los países con mayor producción de cultivos biotecnológicos incluyen Canadá (colza, maíz y soja), Argentina (soja y maíz), Brasil (soja), China (algodón u maíz) y Sudáfrica (algodón y maíz). Un 6% del maíz español es biotecnológico, y Australia y la India se han revelado recientemente como importantes productores de algodón biotecnológico. Filipinas, Uruguay, Rumania, Colombia y Honduras también han comenzado recientemente a desarrollar cultivos biotecnológicos a escala comercial (James, 2004).

Un estudio detallado de la producción de grano en Argentina (Trigo y Cap, 2004) concluyó que los cultivos biotecnológicos han jugado un papel estratégico en el crecimiento del sector [agrícola] – no sólo a causa de su impacto directo, sino también por su interacción con otras tecnologías y su efecto macroeconómico global debido a su impacto en las exportaciones agrarias del país. En China, la introducción de algodón biotecnológico no sólo ha supuesto un ahorro de dinero para los agricultores sino también ha salvado la vida de cientos de ellos al reducir el riesgo del abuso de pesticidas tóxicos (Hossain, Pray, Huang, Fan, Hu, 2004).

El prestigioso Departamento de agricultura y recursos económicos (ABARE) de Australia calculó que, lejos de constituir un perjuicio para la agricultura, los cultivos biotecnológicos podrían suponer para las economías combinadas de Australia y Nueva Zelanda un coste de 1.400 millones de dólares al año si NO se adoptan. En el informe se declara que con el rápido desarrollo de la biotecnología agraria en China, India, Sudáfrica, Norteamérica y Sudamérica, los países que no la adopten se verán apeados de los mercados mundiales en un plazo de diez años.

Una serie de estudios sobre la agricultura en Europa han demostrado que los productores se ven beneficiados cuando son autorizados a plantar cultivos biotecnológicos. Uno de los estudios, sobre la producción de remolacha azucarera (mayo, 2003), concluyó que si no se usa remolacha azucarera resistente a los herbicidas (HT), las malezas pronto harán que la industria deje de ser rentable, poniendo en peligro 23.000 puestos de trabajo agrarios. La remolacha azucarera HT por su parte mantendrá los costes de producción dentro de unos márgenes competitivos con los precios del azúcar en el mercado mundial al requerir un 80% menos de herbicidas.

Otros dos estudios realizados sobre pequeños agricultores del nordeste español (Brookes, 2003; Demont & Tollens, 2003), demostraron que, debido a la protección que posee contra el barrenador europeo del maíz (Ostrinia nubilalis/Pyralis), el maíz biotecnológico puede detener las pérdidas hasta del 15% de la cosecha al tiempo que ahorra la cantidad de pesticida usado y reduce la contaminación por micotoxina.18, 19. Además, según Demont & Tollens, el 75% del aumento de los beneficios de plantar maíz biotecnológico iría a parar a los agricultores.

Mito 4: Los cultivos biotecnológicos han arruinado los mercados de bienes de consumo básicos en EE.UU.

Realidad: Los cultivos de EE.UU. siguen siendo requeridos por los consumidores en los mercados estadounidenses a nivel nacional e internacional en cantidades cada vez mayores.

Durante los últimos cinco años, las ventas de cultivos de consumo básico como el maíz y la soja han aumentado tanto en el mercado estadounidense como en el extranjero. Las exportaciones de maíz en el año comercial que finalizó en agosto de 2004 aumentaron hasta 48,2 millones de toneladas, habiendo totalizado 39,9 millones de toneladas en 2003. Las exportaciones de soja en EE.UU. también mostraron cifras récord en cuatro de los últimos cinco años.20 Por ejemplo, cuando la UE vivía su mayor nivel de alarmismo anti-biotecnológico en 2001 y 2002, las exportaciones de soja estadounidense a la Unión Europea aumentaron un 14% llegando a 7,7 millones de toneladas a finales de 2002, en comparación con 2001.

Sólo en el año comercial de 2004 disminuyeron las exportaciones en EE.UU. Este cambio de dirección – curiosamente a pesar de que supuestamente en los años anteriores existió una gran hostilidad por parte del consumidor – se debió probablemente al temor de los compradores a las sanciones legales por la adquisición de soja de EE.UU. una vez que entró en vigor la ley sobre trazabilidad y etiquetado discriminatorio en abril de ese mismo año. Sin embargo, mientras la UE redujo el volumen de compra, el problema fue ampliamente compensado por importaciones solicitadas por otros países. Por ejemplo, China compró 8,23 millones de toneladas en el año comercial 2004, en comparación con 7,68 millones de toneladas en 2003.

Mito 5: La biotecnología no consiguió aumentar la producción.

Realidad: Los cultivos biotecnológicos ciertamente aumentan la producción reduciendo las pérdidas causadas por los insectos y la proliferación de malezas. También reducen los costes por peso del acre/cultivo, aumentando así el rendimiento económico.

Los cultivos resistentes a los herbicidas permiten a los agricultores controlar mejor las malezas que de otra forma competirían con las plantas del cultivo e impedirían que estas crecieran adecuadamente. Las plantas resistentes a los insectos protegen al cultivo del ataque, especialmente de los insectos como el barrenador del maíz y el gusano picudo del algodón, que son muy difíciles de controlar con fumigaciones. En ambos casos, los cultivos biotecnológicos proporcionan medios para controlar las amenazas contra la producción con un menor coste, menos esfuerzo (p. ej.: menos fumigaciones) y menos uso de sustancias químicas.
Los herbicidas han demostrado ser esenciales para mantener la producción sin aumentar los costes hasta niveles prohibitivos. Un estudio realizado por el Centro Nacional para la Política Alimentaria y Agraria (NCFAP) (Gianessi, 2003) calculó que sin herbicidas, los agricultores podrían emplear a seis millones de empleados más para limpiar las malezas y aún perderían el 20% de las cosechas por la presión de las malas hierbas.

En el caso del algodón biotecnológico, que posee una protección contra el ataque de los insectos, en diversos estudios se ha observado un aumento del rendimiento, oscilando entre el 5 y el 10% en China, hasta más del 10% en EE.UU. y más del 20% en otros países (James, 2002). Un reciente informe elaborado en la India encontró unos rendimientos medios de híbridos de algodón biotecnológico superiores hasta en un 80% a los híbridos no-biotecnológicos (Qaim and Zilberman, 2003). En los estudios del algodón biotecnológico realizados por el grupo estatal de investigación australiano CSIRO en la mitad occidental de Australia, los rendimientos fueron de 8,3 balas por hectárea, en comparación con 1 bala o menos para las plantas convencionales no fumigadas. En los años 70 hubo que abandonar la producción en la zona debido a problemas con los insectos que requirieron niveles insostenibles de pesticidas.

En EE. UU, donde el 45% de todo el maíz plantado es biotecnológico, la producción ascendió hasta un nivel estimado en 158,4 fanegas/acre en 2004.26 Los agricultores informaron que las variedades biotecnológicas más recientes se mostraron capaces de resistir mejor las tensiones medioambientales tales como la grave sequía de 2003.

De acuerdo con un estudio del ISAAA (James, 2004), el aumento de la producción del maíz biotecnológico respecto a las variedades tradicionales ha sido un 5% más alto en los Estados Unidos, un 6% superior en España, y aproximadamente un 10% más alto en Argentina y Sudáfrica. En estudios de campo, la producción de maíz biotecnológico llegó a aumentar hasta un 24% en Brasil, entre un 9 y un 23% en China, y un 41% en Filipinas.

La comercialización del maíz biotecnológico permitió que Argentina obtuviera una cosecha de maíz récord en 2004, que la situó en el camino para recuperar su posición como segundo país exportador de maíz de todo el mundo.

En Rumanía, el tercer mayor productor de soja de Europa, los agricultores que cultivaron semillas resistentes a los herbicidas comunicaron un aumento medio de la producción de un 31% , debido a un mejor control de las malezas (Brookes, 2003).

Mito 6: La biotecnología, a lo sumo, sólo proporciona beneficios secundarios

Realidad: La transformación de la economía de la producción de la soja, el algodón y el maíz, con unos menores costes, mayores beneficios para los agricultores y un uso reducido de sustancias químicas, difícilmente puede considerarse de un beneficio secundario. En caso de la papaya cultivada en EE.UU.,la biotecnología ha salvado a una industria completa.

La biotecnología salvó a la industria de la papaya Hawaiana del desastre económico. En 1992 fue descubierto el virus de la mancha anular (PRSV) en la región de puna, área clave para el cultivo de la papaya en la isla de Hawai. En tres años la industria entró en crisis. Los científicos de la Universidad de Cornell desarrollaron dos variedades transgénicas, La Rainbow y la SunUp, que eran resistentes al PRSA y pudieron plantarse sin que los agricultores tuvieran que limpiar previamente los campos de árboles infectados. Hoy día, las variedades biotecnológicas constituyen el 60% de los cultivos actuales, y han reducido tanto la "carga viral" del PRSA en Hawai que la producción ha recuperado los niveles de 1992 e incluso las variedades no resistentes, incluyendo las ecológicas, pueden cultivarse con toda confianza. Algunos otros países que cultivan la papaya, como Tailandia, están adaptando ahora la tecnología para sus propios productores.

Usando las mismas técnicas, los científicos trabajan para producir vides resistentes a la enfermedad de Pierce que ha acabado casi con un tercio de la producción en algunas zonas de California.

Mito 7: Lo agricultores salen perdiendo porque no pueden guardar semillas biotecnológicas.

Realidad: La semilla no sólo representa una pequeña parte del coste total de la producción de un agricultor moderno, sino que las ventajas de poseer las últimas variedades, seleccionadas para adaptarse a las condiciones del tiempo y del terreno o a la presión de las plagas que se esperan, y garantizadas por el agricultor, invariablemente superan los ahorros y las complicaciones que implica retener suficientes semillas de la cosecha anterior Todas estas consideraciones existían antes de la introducción de la biotecnología.
No existe ningún requisito que exija a agricultores comprar semillas. Lo hacen así porque lo consideran conveniente para la producción. En los modernos cultivos de polinización abierta en los que la hibridación implica una ventaja significativa en la producción (como resultado del "vigor híbrido"), la conservación de las semillas realmente supone una desventaja comercial para la mayoría de agricultores que se benefician más adquiriendo nuevas semillas cada año.

La ISAAA (Servicio internacional para la adquisición de aplicaciones agro-biotecnológicas) ha estimado que el 80% de los 345 millones de acres de todo el mundo dedicados al cultivo de maíz está sembrado con variedades mejoradas, dos tercios de híbridos, un 13% de variedades de polinización abierta. En los países industrializados, el 94% se siembra para híbridos y el 4% para variedades de polinización abierta. Incluso en los países en vías de desarrollo, el 70% de las plantaciones de maíz está sembrado con variedades mejoradas – en este caso también, principalmente con híbridos (James, 2003).

Las compañías semilleros tienen más capacidad para prevenir la transmisión de enfermedades entre plantas a través de las semillas y tienen más capacidad para conservar la calidad mediante economías de escala en cuanto a infraestructuras para almacenamiento. Además, las compañías semilleros constantemente mejoran la genética de las semillas para aumentar la producción y la resistencia a las enfermedades. Los agricultores que se dedican a conservar sus propias semillas carecen de estas ventajas, aunque hay que reconocer que algunos agricultores pobres de países en vías de desarrollo no tienen otra elección. No obstante, incluso los agricultores de algunos países pobres que han invertido en variedades de semillas biotecnológicas, que les resultan muy costosas, han comunicado su profunda satisfacción por los resultados.

Cualquier agricultor que se dedica al comercio sabe que el factor más importante no es el coste de la semilla sino el valor neto de la cosecha resultante. En EE. UU, menos del 5% de la soja se cultiva a partir de semillas previamente almacenadas incluso aunque, tratándose de cultivos autofecundados, los agricultores puedan fácilmente, y dentro de la legalidad, guardar variedades no patentadas o sin certificado de protección de variedades vegetales (PVP).

Mito 8: Los cultivos biotecnológicos amenazan a los agricultores ecológicos.

Realidad: Primero, La experiencia en EE.UU. demuestra que tanto los cultivos ecológicos como los biotecnológicos pueden desarrollarse en el mismo lugar. Segundo, la etiqueta "ecológico" identifica únicamente un sistema de cultivo, pero no aquello que está presente o ausente en el producto. La detección ocasional de mínimas trazas de polen o semillas biotecnológicas no debería constituir ya un problema mayor para los certificadores y productores ecológicos que, por ejemplo, la detección de residuos de pesticidas en lo que debería ser un producto "sin pesticidas" (un problema que afecta alrededor de un 25% de los productos ecológicos vendidos en EE.UU., según la Unión de Consumidores34).

El mayor y mas detallado estudio independiente llevado a cabo sobre la coexistencia de cultivos biotecnológicos, convencionales y ecológicos en EE.UU. (Brookes y Barfoot, 2004) concluyó que se han observado problemas económicos o comerciales significativos en ninguno de los tres sectores. El estudio destaca que los agricultores de EE.UU. han plantado cultivos especializados junto a cultivos de la misma especie durante años sin comprometer los altos niveles de pureza exigidos. También cita encuestas a agricultores ecológicos que han puesto de relieve que la gran mayoría (92%) no habían soportado ningún coste o pérdida directa o adicional – incluyendo incluso las pruebas de inspección – derivada de los cultivos biotecnológicos plantados en sus cercanías.

Una serie de estudios recientes han llegado a las mismas conclusiones respecto a la agricultura europea, incluso después de tener en cuenta las estrictas reglas sobre trazabilidad y etiquetado de los alimentos y la comida de origen biotecnológico vigentes en este continente. Respecto al maíz biotecnológico, un comité de expertos en agricultura, el POECB, confirmó que la coexistencia de cultivos biotecnológicos/no biotecnológicos había sido posible en Francia.36 Un estudio más amplio que tuvo en cuenta todos los cultivos (Brookes, 2004), concluyó que, con unas prácticas agrarias meticulosas y aceptando las responsabilidades compartidas, no hay nada que deba detener la eficaz coexistencia de cultivos biotecnológicos, no biotecnológicos y ecológicos en toda Europa.

Mito 9: Los agricultores a menudo son demandados por las compañías semilleras.

Realidad: Muy pocos son los agricultores que han incumplido sus acuerdos de licencia. Además, es muy fácil para las compañías biotecnológicas y para los agricultores diferencial la contaminación accidental y las semillas plantadas deliberadamente.

Cincuenta y ocho países se han adherido a la Unión Internacional para la Protección de las Nuevas Variedades de Plantas (UPOV).38 La UPOV, fundada en 1961, comprende países que han acordado proteger conjuntamente la propiedad intelectual de las personas/compañías que desean invertir sus esfuerzos y sus recursos para desarrollar nuevas variedades de plantas (y que, por tanto, benefician a la humanidad a través de una mayor productividad agraria).

Las patentes constituyen uno de los métodos utilizados por las compañías semilleras para proteger la propiedad intelectual inherente a las variedades de cultivos de su propiedad. Las patentes pueden ser utilizadas para proteger nuevas variedades que han sido desarrolladas bien por métodos biotecnológicos, bien por métodos tradicionales de mejora de plantas. Un agricultor que adquiera un semilla de una variedad patentada firma un contrato de licencia para esa patente por el que se compromete a plantarla durante una sola temporada.

Algunos agricultores se han quejado de que sus "semillas tradicionales" han sido contaminadas con variedades biotecnológicas por polinización cruzada, con el resultado de haber sido demandados por la compañía semillero propietaria de la patente biotecnológica.

Dicha polinización cruzada sería irrelevante en el caso de los cultivos autofecundados como la soja, pero incluso en los cultivos de polinización abierta, tal polinización cruzada sería mínima en la mayoría de los casos.

El caso más destacado de los granjeros que se han quejado de ser víctimas "inocentes" de la "contaminación" de sus semillas tradicionales por polinización cruzada, fue el de Percy Schmeiser de Canadá, en cuyo juicio se demostró que las semillas portadoras del carácter biotecnológico alcanzaban casi el 100% de sus cultivos. Además, había sido uniformemente "contaminado" en todos sus campos, lo contrario de lo que sucedería en caso de una polinización cruzada. Lógicamente, este agricultor perdió el pleito en primera instancia, así como su primer recurso y el recurso al Tribunal Supremo de Canadá.

Mito 10: La biotecnología no tiene nada que aportar a los países en vías de desarrollo.

Realidad: Todos los países en vías de desarrollo ya se han beneficiado de la biotecnología gracias a unas importaciones de productos básicos de consumo más económicas, a unos niveles inferiores de micotoxina, y a unas cosechas mayores y más limpias producto de los cultivos nacionales internos. Los países que plantan cultivos biotecnológicos también se benefician del uso reducido de sustancias químicas, de una mayor producción y de una agricultura más competitiva.

Los Países en vías de desarrollo, que suelen ser los mayores importadores de soja, se han beneficiado de la reducción de los precios durante los años en que hubo una producción récord de soja en EE.UU. Estos precios más bajos se dan con más frecuencia desde que se comercializó una cantidad importante de semilla de soja biotecnológica resistente a los herbicidas. La reducción del coste de las inversiones permitió a los productores de soja de EE.UU. ampliar la extensión de los cultivos de soja mientras y aceptar un precio más bajo por tonelada de sus cosechas de soja.

Los países importadores de maíz que lo importan países en que se cultiva maíz biotecnológico (p.ej.: EE.UU., Argentina, Canadá) se han beneficiado desde 1996 de la notable reducción del contenido de micotoxina de las variedades de maíz biotecnológico. El maíz biotecnológico reduce notablemente la formación en el terreno de aflatoxina y otras micotoxinas (antes) producidas en las plantas de maíz por hongos bajo determinadas condiciones del entorno.

Además, varios países en vías de desarrollo dependen de sus propias exportaciones de productos agrarios para obtener sus ingresos y para mantener el empleo. Argentina, por ejemplo, exporta casi toda la soja que produce (casi un 100% biotecnológica). El anterior Secretario de Agricultura, Marcelo Regúnaga, afirmó en julio de 2002 que los productores argentinos de soja ahorraron unos 400 millones de dólares en los costes de producción de plantaciones al cultivar ese año soja biotecnológica, mientras que los que plantaron maíz biotecnológico ahorraron un 15%.

En contra de las quejas de los críticos, los pequeños agricultores de los países en vías de desarrollo han sido los principales beneficiarios de los cultivos biotecnológicos, debido a que la protección contra las plagas y las enfermedades implica un ahorro al usar menos sustancias químicas, caras y a menudo peligrosas, así como por la reducción del esfuerzo que hay que dedicar al cultivo.

En China, el algodón biotecnológico se denomina "cultivo milagro" porque ha ayudado a los agricultores a reducir los costes en un 28% y a reducir su exposición a sustancias químicas peligrosas. A partir de 2005, China invertirá 500 millones de dólares en la investigación de los cultivos biotecnológicos, más que el gobierno de EE.UU., con la expectativa de comercializar el arroz biotecnológico en un plazo de tres años.
En Sudáfrica, el 90% de los pequeños agricultores plantaron algodón biotecnológico en 2001-2002, en comparación con sólo el 7% en 1997-1998. La rápida aceptación se debió al enorme ahorro de pesticida - actualmente, la mayoría no fumiga sus cultivos biotecnológicos en absoluto.

Debido , en gran parte, al aumento de los cultivos de algodón biotecnológico, la industria hindú del algodón espera una extraordinaria cosecha para 2004.45 Un encuesta realizada a agricultores hindúes a principios de año reveló un aumento del 30% de semillas biotecnológicas certificadas de algodón Bollgard (Monsanto) respecto a las semillas convencionales, y un aumento del beneficio neto de un 80%.46 La India planea actualmente desarrollar variedades biotecnológicas de 14 cultivos de gran importancia para sus agricultores.

Por su parte, se espera que los cultivadores de arroz de Filipinas y Vietnam ahorren al menos 500 millones de dólares por año.

Un informe de amplio espectro elaborado por el británico e independiente Consejo Nuffield de Bioética49 concluyó que, caso por caso, la biotecnología no sólo está beneficiando ya a los pequeños agricultores, sino que puede conseguir mucho más si algunos cultivos como los plátanos modificados para resistir micosis graves, o determinadas variedades de plantas resistentes a la sequía y tolerantes a la sal se hacen accesibles a los agricultores.

Si alguien desea conocer más sobre el potencial de la biotecnología en los países en vías de desarrollo se recomienda la lectura de ‘Genes For Africa: Genetically Modified Crops In The Developing World’ por Jennifer A. Thomson University of Cape Town Press (2002). El Profesor Thomson es profesora de microbiología en la Universidad de Cape Town. Sudáfrica.

Mito 11: Los agricultores ecológicos ofrecen un futuro mejor que la biotecnología.

Realidad: Los cultivos biotecnológicos son cruciales si las necesidades de alimento de la creciente población mundial exigen criterios de fiabilidad y que no impliquen la invasión de hábitats cuya biodiversidad se vea amenazada.

La mayoría de las organizaciones agraria como la Asociación Americana para la Soja incluyen miembros agricultores que utilizan métodos ecológicos, convencionales y biotecnológicos. Aunque todos apoyamos la opción de la agriculturaecológica, también reconocemos que su fuerza se concentra en la producción de rendimiento limitado de alimentos para aquellos consumidores que desean pagar una importante cantidad extra por un producto que necesita mucha mano de obra.

Para los cultivos de productos básicos de consumos de precio variable como el trigo y el algodón, y la soja y el maíz para el consumo animal, que suponen una parte importante de la agricultura en EE.UU., los métodos ecológicos son demasiado costosos, de producción demasiado variable, y demasiado susceptibles a los problemas causados por los insectos y el clima, para utilizarlos a gran escala.

Recientemente se han realizado varios estudios comparativos (contradictorios en algunos casos) sobre los métodos de cultivo ecológicos y convencionales, pero todos admiten que los sistemas ecológicos implican una reducción significativa de la producción (determinada a lo largo de varios años sin excluir el barbecho ni los periodos de "climatología difícil") así como un aumento de las labores agrícolas.

La experiencia de Lynn Jensen, de Dakota del Sur. es típica cuando declara al Soybean Digest que su soja ecológica no sólo necesita tres o cuatro veces más labores de laboreo que las variedades biotecnológicas, sino que supone una disminución de un 30-40% de la producción.

Por esta y otras razones, creemos que la moderna agricultura sin tareas de laboreo que usa biotecnológicos tales como cultivos resistentes a los herbicidas, se acercan al ideal de una agricultura de mínimo impacto, sostenible y asequible.

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