Argentina autorizó el 13 de julio la siembra de maíz transgénico resistente a herbicidas, una medida que según el gobierno busca mejorar la productividad del sector, pero es rechazada por las organizaciones ecologistas.
La medida fue anunciada en rueda de prensa por el ministro de Economía de Argentina, Roberto Lavagna, y el secretario de Agricultura, Miguel Campos, quienes informaron de que a partir de la próxima campaña se podrán sembrar 10.000 hectáreas con maíz Roundup Ready (RR), un producto de la multinacional estadounidense Monsanto.
La aprobación del denominado 'evento NK603' es el puntapié de la 'segunda ola transgénica' en el país sudamericano, donde la implantación de soja genéticamente modificada generó un verdadero 'boom' en el campo argentino.
Para los productores, el desembarco de la variedad RR del cereal significará un golpe de timón para el maíz, el cultivo que más superficie de siembre perdió en los últimos años a expensas del avance arrollador de la soja transgénica.
El presidente de la asociación Maizar, Juan Avellaneda, dijo que el maíz resistente al glifosato, un poderoso herbicida que también fabrica Monsanto, causará una 'revolución' en las zonas donde hoy no se cultiva por las malezas, generalmente áreas agrícolas marginales y más pobres.
Según datos de la Asociación Maíz Argentino, el uso del NK603 en zonas marginales permitirá incrementar en el 5 por ciento la productividad general del cultivo, una reducción de costos de cinco dólares por hectárea e ingresos adicionales de 20 dólares por hectárea.
El maíz RR ya se cultiva en Estados Unidos y Canadá y su posible comercialización se discute en el seno de la Unión Europea, adonde Argentina exporta anualmente unas dos millones de toneladas de maíz.
Según cálculos de Maizar, la superficie cultivada de maíz, que actualmente es de unas tres millones hectáreas, se duplicará en los próximos cinco años.
Así, el cereal recuperará algo del terreno cedido a la soja: en las últimas tres décadas, la superficie sembrada con maíz se redujo el 40 por ciento, mientras que el 'oro verde' se expandiá hasta ocupar 13 millones de hectáreas.
Para la campaña en curso, se espera que Argentina produzca unas 14 millones de toneladas de maíz y unas 33 millones de toneladas de soja.
El 90 por ciento de la oleaginosa sembrada en Argentina está genéticamente modificada, lo que coloca al país sudamericano como segundo productor mundial de soja transgénica, después de Brasil.
El peso de la soja es central en la economía argentina: este año el valor de las exportaciones de la oleaginosa ascenderá a 9.000 millones de dólares, casi un cuarto del total de las colocaciones que podrá lograr el país en 2004.
Pero este avance casi monopolista de la soja conlleva riesgos como la degradación de los suelos y una consecuente bajada progresiva de la productividad, por lo que una inserción más activa del maíz en el ciclo de rotación de cultivos podrá ser beneficiosa.
El secretario de Agricultura señaló hoy que la introducción del maíz RR tendrá consecuencias 'directas en la rotación, ya que se sabe que luego del maíz la siembra de soja rinde el 20 por ciento más'.
Una investigación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria comprobó que los rastrojos del maíz aportan al suelo materia orgánica que, en un esquema de rotación, permite aumentar considerablemente los rindes de una siembra posterior de soja.
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